martes, 22 de noviembre de 2011

Y finalmente... Silvio Rodriguez en Buenos Aires!!

La tención era de concreto cuando, junto con mi prima Elisa y su novio Andrés, íbamos en el taxi de camino al Estadio del Ferrocarril Oeste para cumplir un sueño que, en el caso del mayor de mis primos, llevaba 33 años de espera por ser realizado. El taxista preguntó si había un recital, le dijimos que sí, que tocaba Silvio Rodriguez, nada más ni nada menos; él hizo gestos de indiferencia y comentó que en el estadio entraban 15 mil personas, pero seguro este tipo no lo llenaba. Su error fue claro cuando, a dos cuadras del estadio, ya no podía darse un paso ni en vehículo ni a pie. Nos bajamos del taxi sudando frío, nos tambaleamos entre la muchedumbre hacia la entrada y leímos con cuidado el letrero con indicaciones: puertas 1, 2 y 3, por la derecha. Empezamos a caminar en dirección contraria a la fila, esperando encontrarla corta y sencilla, pero luego de caminar tres cuadras para ver el final de esta, no me quedó más que estropear mi blanqueamiento dental con un cigarrillo que aceleró el tiempo de forma maravillosa: en menos de lo esperado, estábamos adentro.

Un par de músicos amenizaban la llegada de la gente, tocando dulces y sutiles sones cubanos, pero dos minutos después de habernos ubicado en los asientos derechos de la fila 10, un señor mayor, bajito, barrigón y pelado provocó el furor de miles de personas, un furor pospuesto por 7 años, siempre a la espera de que el maravilloso Silvio Rodriguez, su guitarra y sus anteojos volvieran a pisar territorio argentino.
Se sentó en su banquito sin decir una palabra, tomó su guitarra y pronunció su primer verso de la noche: "En el claro de la luna, donde quiero ir a jugar..."
Después de esa preciosa apertura, se dirigió al público: "Bueno... empezamos con este tema antiguo y vamos a seguir con un par de canciones de mi último disco, ese disco se llama, para los que no lo conocen, Segunda Cita, y tiene canciones que tienen que ver sobre todo con Cuba, porque, si Cita con Ángeles fue un disco donde yo reflejaba de alguna forma el acontecer universal y nacional, siempre supe que tendría que haber una segunda cita con los ángeles que se ocupan de la suerte de mi país. Entonces hice algunas cancioncitas, una de ellas es esta, que se llama Sea Señora...

La banda estaba conformada por Oliver Valdez, un baterista y percusionista muy joven que, quizás, apenas pasaba los 25 años; César Bacarub, un bajista moreno, calvo y enorme; Maikel Elzarde, un mulato virtuosísimo que hacía volar sus dedos sobre un el tres; Arasil López, un bajito bonachón encargado de la guitarra y los coros, y el ingrediente especial, el condimento perfecto: Niurka Gonzáles, flautista, clarinetista y la afortunada esposa de Silvio.
La primera sorpresa de la noche nos la dio después de su tercera canción, Carta a Violeta Parra, introduciéndola con la siguiente explicación:
Público: GRACIAS SILVIO!
Silvio: Gracias, gracias a ustedes, uno solo no es nada. Ahora les vamos a hacer un par de temas que vamos a grabar...
Público: VIVA CUBA SILVIO!!
Silvio: Y no es mentira.
Así empezó un hermoso son que yo tuve que denominar, por ponerle algún nombre, como Cuentan. El siguiente, denominado por mi como Iba Enredándose, es una primorosa trovita dulce y delicada que de seguro encontraremos en su siguiente disco, porque con el adelanto de este par de canciones, no solo nos da a entender, sino que nos promete un próximo disco... y pronto.
No sé del resto, pero mis lágrimas empezaron a fluir como una cascada después de la siguiente introducción: Es una canción que la había olvidado pero me la hicieron recordar... perdonen, hay que afinar... "ahora sólo me queda buscarme diamante, la respiración..." Después de tocar De la Ausencia y de Ti, Velia, sus canciones más famosas, las más amadas, las de siempre, empezaron a fluir y a emocionar de sobre manera a todo el mundo. Antes de tocar Mariposas presentó a su grupo y después, nos develó la segunda sorpresa de la noche con la canción Amigos como Tú y Yo: Amaury Pérez, un amigo que se trajo de Cuba y con el cual cantó el resto de aquella canción. El amigo en cuestión se acomodó totalmente solo en el escenario, nos hizo un par de bromas para romper el hielo y nos interpretó dos bellísimas canciones con una voz conmovedora y potente que le mereció los millones aplausos que le regalamos. Tanto le afectaron estos, que se limpió las lagrimillas por debajo de sus anteojos rectangulares y agradeció que el concierto estuviese siendo grabado, pues sus hijos no le creerían que al público le agradó su presencia.
Cuando Silvio volvió al escenario con su andar de heroe humilde y noble, el ride de la batería empezó a sonar velozmente para acompañar la introducción de la siguiente canción: "A cinco compañeros presos en los Estados Unidos, cinco cubanos presos, cinco antiterroristas que fueron a averiguar los planes para agredir a Cuba, los cogieron presos y llevan más de trece años, y algunos tiene hasta más de dos cadenas; mientras ellos estén allá, mientras no los suelten, mientras no los regresen a nuestra patria, yo siempre, en todos mis conciertos como vengo haciendo desde hace años, haré un rinconcito para ellos, que es este... Siempre que se hace una historia, se habla de un viejo, de un niño o de si..." FUROR!! hasta este punto no podíamos comprender lo perfecto y maravilloso que estaba siendo aquel concierto.
Luego de la tocar El Mayor, Gaviota, Reparador de Sueños, Oleo de una mujer con sombrero, El escaramujo y La masa, la tercera sorpresa de la noche llegó: La participación de Victor Heredia, con el cual, en honor a las madres y abuelas de la Plaza de Mayo, cantaron Todavía Cantamos. Luego de eso y sin la menor explicación, abrieron una balla y unas 200 personas salieron de la sección general y se amontonaron adelante de la cancha, en todos los espacios donde no estaban las sillas de las secciones VIP. La única explicación que pude encontrar para tal fenómeno fue que los guardas pudieron haber creido que el concierto estaba a punto de acabar, pues luego de eso, Silvio tocó La Era con una introducción tan, pero tan diferente a la original, que cuando pronunció el primer verso, la gente se emocionó más que nunca. Y luego se despidió, se levantó de su banquito, aplaudió con sus pequeñas manitos de abuelo tierno y se retiró del escenario.
Mas no se hizo de rogar, volvió segundos después de que empezaran las ovaciones para interpretar El Necio, Demasiado y Ojalá. El concierto había empezado tranquilo y muy emocionante, pero cuando la mayoría del público asimiló como real la idea de estar presenciando a semejante grande, las ovaciones se hicieron más fuertes, los cantos mas potentes y los gritos más continuos. A mi parecer, a Silvio no le molestó que las personas que menos pagaron fueran las que más cerca terminaron de él, sino lo contrario, se lo notó mucho más alegre cuando la parte más próxima al escenario se vio atiborrada de fans emocionadísimos que le dieron aun más vida al concierto. De hecho, me atrevo a decir que, de no ser por los colados, Silvio no hubiera vuelto por segunda vez, luego de tocar Ojalá, para tocar, él solito con su guitarra, Unicornio, Playa Girón y Pequeña Serenata Diurna.
Hasta este punto, mucha gente estaba parada sobre las sillas, los gritos se habían vuelto exagerados y un par de personas insoportables aullaban más fuerte que nadie que por favor, se sienten para que puedan ver. Luego de volver a levantarse, aplaudirse a sí mismo tiernamente y retirarse del escenario, con un par de ovaciones volvió a la acción acompañado de toda la banda. Esta vez tocaron Con un Poco de Amor, Ángel para un Final y una de mis favoritas: Casiopea (la única que sé tocar). Pero no conformes con aquel tan tranquilo final, la gente volvió a pedir el regreso de Silvio. Los gritos de por favor bajen de la silla cesaron cuando todos reconocimos los arpegios de Sueño con Serpientes, no nos importó nada y todos, pero todos, terminamos parados sobre las sillas. El coro de todo el estadio era tan firme y fidedigno que Silvio, como el genio que es, dejó que el público cantase la primera voz, mientras él mismo hacía la segunda.
Maravillosa canción para un final de ensueños. Encendieron todas las luces del estadio, abrieron las puertas, apagaron las pantallas y se salieron varias decenas de personas, pero Silvio volvió a sucumbir a las insistencias, ahora sí, para terminar el mejor concierto de la historia con la majestuosa Te Doy Una Canción tocándola el solo, acompañado por la voz al unísono del público, como tiene que ser.
Los que se habían salido volvieron a entrar, pero ni las luces se apagaron ni las pantallas se encendieron; no importaba, el concierto acababa de la mejor manera posible. Y sólo comprendimos que realmente había acabado cuando las personas que vivían en los edificios vecinos -quienes habían permanecido todo el concierto en sus balcones- entraron a sus casas y el personal de apoyo se llevó todos los instrumentos.
"Mátenme -pensé- ya puedo morir tranquila".

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