Pero como bien sabemos todos, la fiesta de graduación es el final. El inicio del bachillerato -y no me refiero al kinder ni al primero de primaria- esta en el acto de graduación. Cada país, estado y escuela tienen una forma algo distinta de emitir aquellos actos. Aquí en Santa Cruz, en algunos colegios la graduación sucede ahí mismo, en el coliseo del colegio en cuestión. En algunos colegios, los bachilleres se graduan con toga y birrete, y en otros de traje formal o con guardapolvos de gala. Hay colegios en los que los graduados deben caminar hacia el podio con un ramo de flores.
En el caso de mi colegio, la cosa no fue tan pomposa como imaginamos. La graduación ocurrió en uno de los salones de la Fexpo (enorme centro de eventos que una vez al año acoje a una gran e importantisima feria internacional de comercio). En la mañana del día de la graduación nos reunimos allí para practicar como sería el desfile con nuestros padres, como debían entregarnos el certificado de bachiller, qué cara debíamos poner, hacia dónde debíamos mirar y todas aquellas fribolidades que le dan un toque de pulcritud a estos eventos. Además, practicamos por última vez la canción que habríamos de cantar antes de lanzar al aire los birretes.
Llegué algo tarde, acompañada de mis padres, mi hermano mayor y mi bisabuela. Una vez en el lobby del salón me puse la túnica encima de mi vestido de ejecutiva importante, le pedí al papá de una compañera -abogado- que me ayudara con el nudo de la corbata, me acomodé el birrete como pude y me saqué a las apuradas un par de fotos muy ridículas con mis papas (el fotógrafo insistía en que me den besitos en la mejilla mientras yo sonreía a la cámara).
Casi no pude sacarme la última foto, pues la organizadora del evento ya nos estaba pidiendo que formemos una fila en orden alfabético con nuestro padre al lado detrás de la puerta del salón, en un pequeño cuarto que servia de estudio fotográfico. Se suponía que antes de nuestra salida cantaría el coro del colegio, y así lo hizo, para mi tristeza, pues entonces llegué a la conclusión de que eramos simplemente un número más en el show y no los agazajados que creí. Para cuando me tocó salir (Suárez) la gran mayoría de mis compañeros ya estaban parados en la gradería del escenario, el coro ya había cantado y la directora ya había dicho su muy emotivo discurso.
Llegué al escenario sin problemas, pero cuando la maestra se acercó para felicitarme y entregarme el título, se me cayo el birrete. Me morí de risa y me lo volví a encajar como pude. Luego, cuando mi papá trató de mover la borlita de derecha a izquierda, se volvió a caer y procedí de la misma forma, y de nuevo se repitió el cuento cuando mi papa me abrazó. Yo, muerta de risa, solo quería subir a mi puesto, pero tuve que volver a acomodarme el dichoso sombrerito para la foto... ay, la foto... no hay cosa más inoportuna que las fotos! Y por si fuera poco, cuando subía el peldaño de la gradería, pisé mi túnica y casi me vengo abajo, me rescató una amiga para mi suerte.
Luego del desfile de cada quien y cada cual, hice entrega (como presidenta de la mitad de la promoción) del mosaico de fotos de los alumnos que se cuelga cada año en la entrada del colegio. También se entregó una enorme placa de marmol con los nombres de todos y pequeñas placas de vidrio de reconocimiento para los profesores más queridos. Luego vinieron los discursos por parte de dos alumnas, por cierto deplorables, en los que no se dijeron más que cosas obvias, cursis y tontas. Después acudió la directora general a salvar el acto con un discurso, por primera vez en su vida, digno de aplausos. La directora es famosa por estar medio loca y decir cosas delirantes y exageradas, como que gran parte de nosotros rendiremos cuentas con el demonio por nuestra falta de diciplina... pero esta vez, dio el mejor discurso de la noche.
Y por último! la canción de despedida compuesta por uno de mis compañeros, una bonita balada al estilo Jason Mraz que hace una reflexión de lo que serán nuestras vidas fuera del colegio y lo rápido que pasó el tiempo. "Hoy nos une una obsesión que viene desde el corazón, ese sentir se llama Glett's, no la podemos contener" (ese era el coro). Y cuando terminó la canción, todos tiramos al aire los fucking birretes y nos felicitamos con mucha efusividad.
















