El dia esta templado, hay un sol radiante y la brisa es tan ligera que no llega a mover las hojas de los arboles.
Por el largo camino que va hacia el mar voy, acariciada por los tibios rayos de ese sol del deshielo, acompanhada por el olor del rio que corre a mi lado. El estrecho sendero esta sumido en una selva de arboles acuaticos que extienden hacia el agua sus raices como cabellos. Cuando estos arboles se cierran sobre el caminito, me ataca un frio humedo que me pone la piel de gallina, pero de inmediato sano, cuando el sol vuelve a asomar la cabeza por entre el verdor.
Unas cuantas personas estan sentadas al borde del rio, pescando. De verdad es el dia perfecto para estar aqui; los patos, gaviotas y pelicanos parados como en corferencia en una parte panda del rio, parecen concordar con eso.
Extranhaba esta sensacion campestre, ese olor del rio, el frio del monte, las piedritas incomodandome el andar, el viento tenue. Este es el lugar perfecto para empezar una vida nueva.
Y mas alla, donde los arboles comienzan a ralear, hay una inmensa extencion de agua tan quieta y calma como todo el dia a su alrededor. Seria hermoso vivir aqui, o en otra playa cualquiera, incluir al agua en la vida cotidiana y respirar sal cada manhana.
El invierno apenas termino, pero cuando renazca la primavera, volvere a esta agua con olor a rio que me recuerda tanto a mi casa.

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